jueves, 8 de noviembre de 2018

ÉTICA DEL PROFESOR COMO EVALUADOR DE APRENDIZAJES

En la evaluación, los resultados que se derivan de esta deben tener como fin la realimentación, tomar decisiones para lograr un mejoramiento continuo de las personas, instancias y procesos que participan de la evaluación de aprendizajes (Segura & Vargas, 2018, p. 26). No se debe evaluar por evaluar, esto debe tener un fin en específico que le permita al estudiante adquirir un mayor conocimiento.
Por otra parte, el evaluador debe entender que trabaja con personas y que las experiencias de aprendizaje tienen para cada educando una significación individual, dentro del horizonte de significación de cada persona. Cada persona es un mundo aparte y debe ser respetado y conocido en su individualidad. (Segura & Vargas, 2018, p. 29) es decir, cada alumno es diferente, no se puede pretender que todos sean evaluados de la misma forma, porque sus condiciones son distintas.
El estudiante debe conocer la razón del resultado de la evaluación realizada, por lo que el docente debe brindar de manera clara la información en relación con los objetivos de aprendizaje y actividades que conforman el proceso, lo que posibilita que el alumno conozca cuáles fueron sus resultados y con base en qué se emitieron estos. (Cabra, citado por Gallardo et al, 2015, pp. 3-4)
En cuanto a las evaluaciones, estas deben construir las actividades, descripciones y juicios de manera que anime a los participantes a redescubrir, reinterpretar o revisar sus interpretaciones, conocimientos y comportamientos, de manera que los procesos y productos resulten significativos. (JCSEE, 2010, s.p) La evaluación debe promover la retroalimentación; ver en qué aspectos u objetivos se ha fallado y tratar de mejorar, promoviendo así un mayor aprendizaje y no señalar solo las debilidades sino también las fortalezas del estudiante en determinado tema.
La evaluación no es sinónimo de medición, sino que va más allá, por lo tanto la aplicación de los procesos evaluadores debe contribuir a la mejora de los propios procesos educativos y no convertirse únicamente en una comprobación numérica o un obstáculo a superar por el o la estudiante (Casanova, M. A, 1998, p. 16-17) lo que ocasiona que la evaluación siempre se vea con miedo, porque se relaciona solo con números y notas, de la que depende su avance y no se ve a esta como una manera de tener un mayor conocimiento y conciencia sobre el aprendizaje.
Como docente, considerarse co-responsable de los resultados que los estudiantes obtengan; no situándose frente a ellos, sino con ellos; su pregunta no puede “quién merece una valoración positiva y quién no, sino “¿qué ayudas precisa cada quien para seguir avanzando y alcanzar los logros deseados?” (Segura, 2007, p. 10) El profesor no debe evaluar a un estudiante sobre otro evaluado, ni dejarse llevar por la relación que este tenga con el alumno a la hora de dar el resultado de la evaluación, y tampoco debe catalogar a sus estudiantes en función de sus capacidades.
Considerar que la evaluación se convierta en un instrumento de aprendizajes, esto es, no utilizar la evaluación como un fin último en sí mismo (la idea de que “el examen lo es todo”) sino como un instrumento con cuyos resultados podemos tomar decisiones para mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje. (Segura, 2007, p.10) La evaluación no se debe enfocar en lo cuantitativo, sino más bien en lo cualitativo, que permita tomar conciencia sobre el proceso de aprendizaje y dar a conocer donde se debe prestar más atención.
No seguir replicando entre el estudiantado la idea de que sólo aquello que es valorado es percibido como lo que es realmente importante. En lugar de ello, enfocar el proceso evaluativo a lo largo de todo el proceso educativo sin fragmentarlo o agotarlo únicamente en la idea de que “la evaluación es en semana de exámenes”, por dar un ejemplo. (Segura, 2007. p.11) La evaluación no es solamente exámenes, la evaluación es un proceso que se da continuamente, que se debe realizar tantas veces como sea posible.
Desde la perspectiva ética de la evaluación constructivista está el considerar a los estudiantes desde su experiencia humana en tanto que apertura a posibilidades y alternativas variadas. La calificación debe considerarse como una valoración y seguimiento del logro del estudiante, y no como la función comparativa entre el desempeño de un estudiante con los resultados de los demás estudiantes. (Segura, 2007, pp. 18, 20) Además de que las calificaciones deben ser confidenciales, no se deben divulgar las notas de un estudiante al resto de la clase.

El docente no debe evaluar en un sentido de control, exclusión, repitencia o “selección darwinista” de los educandos. (Segura, 2007, p. 20) sino que debe enfocarse en la evaluación desde una visión integral y como una forma de promover un mayor conocimiento en los estudiantes.
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Bibliografía.

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